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Francisco René Santucho
es uno de los diez hermanos Santucho y también es uno de los
hermanos desaparecidos. Nació el 9 de agosto de 1925 y fue
secuestrado en Tucumán, por las fuerzas represivas el 1 de abril de
1975, permanece desaparecido.
Fundador del Centro Cultural "Dimensión", auspició charlas y
conferencias de eminentes intelectuales como Miguel Ángel Asturias
(Premio Nobel de Literatura), Hernández Arregui, Bernardo Canal
Feijóo, Orestes Di Lullo, entre otros.
En lo político "el Negro" venía de un pasado nacionalista y
anticomunista; luego por la lectura de Haya de la Torre, Mariátegui,
y más tarde Trotsky, además de la influencia de sus hermanos Amílcar
y Mario Roberto, su pensamiento se va inclinando hacia la izquierda.
Con Oscar Asdrúbal (Chicho), "Petaca" Rizo Patrón, luego asesinado
en Salta, Hugo Ducca y otros dieron nacimiento al FRIP (Frente
Revolucionario Indoamericano y Popular), que editaba el periódico
"Norte-Sur".
A fines de 1963 se hacen contactos con "Palabra Obrera", de
tendencia trotskista. Liderado un sector por Bengochea, metalúrgico
de Avellaneda, y el otro que contaba con el aparato del Partido, por
Nahuel Moreno. Se hace propuesta de trabajo de frente único.
En el primer Congreso de Unificación del 25, 26 y 27 de mayo de
1965, nace el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores).
Francisco René, a pesar de sus desacuerdos con Roby, en cuanto al
enfoque de la vía armada como única posibilidad para la liberación
popular, le fue fiel consecuentemente. Se integró total y
activamente al PRT, lo que le valió ser detenido en 1970 y alojado
en la cárcel de Caseros, en Buenos Aires. Salió del país con opción,
rumbo a Lima, Perú, en 1971. Hizo un viaje a Chile, durante la
presidencia de Salvador Allende.
El Negro Santucho, como lo llamaban sus amigos se dedicó a
investigar la Historia Colonial, pero los manuscritos de esa obra se
perdieron en el tiempo de su secuestro, mientras estaba realizando
el acopio de datos para la que hubiera sido su obra más importante.
En La Paz, Bolivia, estudio el idioma quechua.
En Santiago del Estero, y durante la década del 50 y 60, desarrolló
una intensa actividad como promotor de la cultura. Inició sus
actividades en el Grupo Aymará, con la librería de ese nombre,
ubicada en el Solar de los Taboada (Buenos Aires 146), donde también
organiza el Grupo Seisepse, que se dedicará a organizar grupos de
estudio, con tendencia hacia la política.
Más tarde esa librería se denominará Dimensión y se instalará en el
pasaje Tabycast (1957). Entre las actividades que lleva a cabo está
la conformación del Grupo Dimensión, grupo ideológicamente
heterogéneo, que organizaban exposiciones de pintura, presentación
de libros, mesas redondas, invitaba a intelectuales de otras
provincias y del exterior. Algunos de sus amigos lo consideran la
cabeza del grupo continuador del ya extinto movimiento de La Brasa,
entre sus integrantes se contaban: Bernardo Canal Feijóo, Orestes Di
Lullo, Mariano Paz, Alberto Alba, Carlos Manuel Fernández Loza, Ciro
Orieta, Juan Carlos Martínez, Julio Carrera, Carlos V. Zurita,
Alfredo Gogna, Bernardo Ponce y Fany Olivera Paz.
Francisco René Santucho tuvo tres hijos y publicó varios opúsculos,
de especial importancia es su trabajo sobre los aborígenes de
Santiago del Estero, y publicó además, seis números de la revista
Dimensión, entre 1956 y 1962.
Witold Gombrovicz escribe sobre los Santucho
Diario, 2 (1957-1961)
Martes, 1959
Por la tarde “rendez-vous” con Santucho (uno de los literatos y
redactor de la revista “Dimensión”) en el café Ideal.
Huele a Oriente. A cada instante unos chiquillos descarados te meten
en las narices billetes de lotería. Luego un anciano de setenta mil
arrugas hace lo mismo; te mete billetes en las narices como si fuera
un niño. Una vieja tan extrañamente seca que recuerda un dibujo
indio, entra y te mete unos billetes en las narices.
Estaba sentado con Santucho, que es corpulento, de cara olivácea y
terca, apasionada, la cara de un hombre que mira hacia atrás,
arraigado en el pasado; me hablaba incansablemente de la esencia
india de la región. ¿Quiénes somos? No lo sabemos. No nos conocemos.
No somos europeos. El pensamiento europeo, el espíritu europeo, es
un elemento extraño que nos invade como en el pasado lo hicieran los
españoles; nuestra desgracia consiste en que tenemos la cultura de
ese vuestro “mundo occidental” de la que estamos impregnados como de
una pintura, y hoy tenemos que servirnos del pensamiento europeo, de
una lengua europea, a falta de nuestra propia esencia
indio-americana perdida. Somos estériles, porque hasta de nosotros
mismos debemos pensar a la europea… Yo escuchaba esos razonamientos,
tal vez un tanto sospechosos, pero al mismo tiempo observaba a un
“chango” sentado con una chica dos mesas más allá…
Viernes, 1960
Ha venido Roby de Santiago. El menor de los diez hermanos S. En ese
Santiago del Estero (a mil kilómetros al norte de Buenos Aires) pasé
unos meses hace dos años y pude observar entonces todas las locuras,
los conflictos y las inhibiciones de esa provincia perdida,
encerrada en sí misma. La librería del así llamado “Cacique”, uno de
los miembros de esa numerosa familia S. , constituía el lugar de
encuentro de las inquietudes espirituales de esa pequeña ciudad
plácida como una vaca, dulce como una ciruela y llena de esas
ambiciones destructivas y creativas que pretenden redimir el mundo.
¡Santiago desprecia la capital, Buenos Aires! Santiago considera que
sólo en el mismo Santiago se conserva la Argentina y la América
auténticas (legítimas); el resto, todo lo demás, allá al Sur, no es
más que una pandilla de metecos, de gringos, de inmigrantes, de
europeos: revoltillo, suciedad y basura.
La familia S. es un típico ejemplo de la vegetal existencia
santiagueña, que por un viraje incompresible se transforma en
vigorosidad y pasión. Todos esos hermanos son de una bondad de santo
y no carecen de dulzura de ciruela, son un poco como fruta que
madura al sol. Al mismo tiempo están sacudidos por unas pasiones
numerosas venidas de algún lugar del subsuelo, de carácter telúrico,
y su somnolencia se pone a galopar presa de un furor de reformar y
crear.
En: Witold Gombrovicz, Diario, 2 (1957-1961), Alianza,
Madrid, 1989.
Carlos Virgilio Zurita, sociólogo, escribe de Francisco
René Santucho:
[...] el Negro, no obstante ser un espíritu dotado de auténtica
curiosidad intelectual y de una apertura de mente como pocas veces
he encontrado, tenía las ideas bien claras y, sobre todo,
convicciones muy firmes: por ese entonces, el nombre de Haya de la
Torre, se situaba en el centro de su devocionario ideológico. En
este sentido, considero que el “Negro” fue un verdadero pionero, al
menos en la Argentina, en preocuparse por indagar acerca de la
significación y el destino de lo que ahora, con una prosa
eufemística, se denominan “pueblos originarios”.
La notoriedad de su hermano menor, Mario Roberto, “Roby”, ha sido
tan intensa, que poco se sabe o se menciona acerca del rol que
cumplió. Pero antes de que se conformaran los partidos e
instituciones revolucionarias de la década del 70, mucho tiempo
atrás el “Negro” ya había fundado en Santiago del Estero dos centros
de análisis y militancia de considerable significación, como lo
fueron el Centro de Estudios e Investigaciones Políticas Sociales y
Económicas (Ceipsese, que tenía su sede en el actual Solar de Los
Taboada en calle Buenos Aires) y el Frente Revolucionario
Indoamericano Popular (Frip). Me consta que él fue el gestor que los
boletines de propaganda del Frip, impresos en papel rosado, se
tradujeran al quichua para acercar el mensaje de la liberación a la
población bilingüe santiagueña: en esto era coherente con la
sensibilidad que había mostrado en sus trabajos sobre Juan Balumba.
[...] Así como Canal Feijóo trajo por estos lares a figuras señeras,
tales como Waldo Frank, Rafael Alberti, el conde de Keyserling,
Roger Callois y Oliverio Girondo; por su parte Francisco René
Santucho participó en la convocatoria hacia Santiago de, entre
otros, Carlos Astrada, Rodolfo Kusch, Miguel Ángel Asturias, Juan
José Hernández Arregui
Aún no nos explicamos cómo pudo el “Negro” traer a tanta gente de
valor, cómo pudo publicar la revista Dimensión, porque sabíamos que
sus recursos eran y siempre fueron menguados y no contaba con ningún
apoyo estatal o privado. Todavía nos sorprende su capacidad para
generar espacios de crítica y reflexión, como fueron la revista
Dimensión y la librería del mismo nombre (que estaba situada en el
Pasaje Tabycast) y que se constituyó era una auténtica Jabonería de
Vieytes en el espacio adormilado de una sociedad tradicional, donde
uno se podía encontrar con personalidades tales como Canal Feijóo o
Witold Gombrowicz.
Los años en que él, particularmente la década del 60, ejerció su rol
de principal gestor cultural y movilizador espiritual -liderazgo
que, por otra parte, fue siempre silencioso y recóndito, muy alejado
del formato actual en que la tilinguearía y la impronta del
espectáculo también se hace presente en la cultura-resultan ser de
una energía sorprendente y que ojalá se repitiera.
A riesgo de incurrir en olvidos imperdonables, menciono algunos
pocos nombres, entre tantos, que circularon por la revista Dimensión
y su entorno: los profundos meditantes Aldo Secco y Beto Orieta, el
sociólogo Leopoldo Allub, el psicólogo patafísico Alberto Rizzo
Patrón, el poeta Juan Carlos Martínez, los pintores Alfredo Gogna y
Bernardo Ponce.
[...] El caso del “Negro” es el de tantos destinos cruzados en los
años ominosos de la represión: fue eliminado como militante
revolucionario, cuando él quiso ser, apenas y nada menos, un
escritor crítico, en el sentido de Gramcsi o Adorno, despegado de
todo fanatismo.
* "Evocación de un maestro y amigo", artículo
publicado en la sección Cultura del diario El Liberal. |
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