Noble y leal ciudad

 
 

La literatura de Santiago del Estero

 
   

Escritores santiagueños

   
   

Clementina Rosa Quenel

La singular obra literaria de Clementina Rosa Quenel abarcó la narrativa, el teatro y la poesía. En todos los géneros ella se propuso rescatar imágenes del alma, la geografía y los personajes de su tierra con profunda simpatía y comprensión. Sus páginas están siempre teñidas por un mundo interior de aguzada sensibilidad que se alegra con las alegrías de sus gentes y sufre con sus desdichas. De esa sustancia estuvieron compuestas las mejores páginas de una autora para quien el destino de la mujer de su tierra fue una obsesión permanente. *

Clementina

Jose Andrés Rivas
Universidad Nacional de Santiago del Estero-Duke University
jrivas@unse.edu.ar

La vida suele recorrer caminos imprevisibles: la persona que nos fue destinada puede vivir a la vuelta de la casa y el paraíso inolvidable, como en el ciudadano Kane, puede estar entre los juguetes olvidados de la infancia. Esto lo ocurrió a la santiagueña Clementina Rosa Quenel, cuando de regreso del Buenos Aires de fines de los treinta -que entonces soñaba con ser "la cabeza de un imperio"-, se reencontró con los personajes de su tierra que había abandonado. De este reencuentro surgirían los cuentos de La Luna Negra. Atrás quedaban los cuentos de estructura fija y final preestablecido, que habían recogido las revistas porteñas. A partir de entonces, Clementina había encontrado su tema.
La Luna Negra está poblada de seres marginales, que aceptan con resignación la derrota que les espera. Si en algún momento en ellos asoma la esperanza, ésta no surgirá de la realidad áspera y desolada, sino del insondable fondo de ellos mismos. La propia Clementina lo anuncia en el epígrafe: "Dan su nombre a este libro, destinos desolados y humildes de mi tierra". La cita es extraña: no habla de personas, sino de "destinos". De cualquier modo, quiere decir la narradora, no importa lo que el personaje sueñe o sienta, porque la vida lo llevará por donde quiera. En última instancia, se repiten en sus páginas las peripecias de los gauchos de Hernández, que viven en un territorio áspero y despiadado al que, sin embargo, los une el amor como una condena.
En "La creciente" - el cuento que abre el libro- el personaje Pancho Leiva avizora desde la puerta de su rancho miserable la llegada de la temible creciente, mientras su mujer espera la llegada de su hijo. En la segunda parte del relato, el personaje regresa en medio de las dos crecientes: la del agua que avanza y la del hijo que nace. Pero la otra creciente, la interior, es la que importa. Como los otros los cuentos de Clementina, éste se divide entre el Purgatorio y el Infierno. Es extraño, sin embargo, que a partir de estos "destinos desolados" el personaje siga soñando con un posible Paraíso.

 

*Santiago en sus Letras, José Andrés Rivas, Ediciones de la UNSE.

   
       
       
       
       

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